NOS QUEDA LA PALABRA
Antonia Bocero
La esfinge de Flaubert
Encerradas en un invernadero, bajo el cristal,
las flores olvidan que la luz del sol existe.
KONSTANTINO KAVAFIS
Uno está sobre la cama, solo, sin anclajes;
es de noche, noche vampiro sed luz
y, como del fondo del mar, emergen las preguntas:
preguntas anillos versos que te desnudan.
...... ¿Qué hacer sin ser el hábil Edipo?
Son noches de dudas, de frío puerto,
de anhelos y deseos apagados,
-velero anticipo tal vez de un futuro-,
donde los días, en vuelo detenido
.....-rosas leves sin sombras-, sean ya ajenos a mí.
Son noches de viento cactus,
de ir a por la memoria, la que sostiene,
y no ser más que distancia, distancia extraviada,
habitante de una fisiología cansada
donde las conexiones neuronales, ya no tropel,
......se pierden y sonríen
y dejan paso a los espíritus del aire que sin piedad ondean
y desparraman la sustancia inmaterial sobre la que me levanto:
un maná de pájaros sin alas.
¿Y llegará el día -me pregunto ya definitivamente despierta-
en que perdida la batalla, civilizada,
perfumes y flores no me tengan que ser imposibles;
y que el camino búsqueda, ímpetu oasis,
......el que aleja de lo que rompe,
no sea ya el fetiche más cuidado de este salvaje romántico?
......Y el velero, rumbo cactus, sigue avanzando,
y avanza hasta llevarme a un lugar desazón,
un lugar donde los placeres imaginarios
.......-cansados ya de vivir, clausura en esta mente-
me son idos, me han dejado -por inoperancia, dice el viento-
destino hacia abajo, hacia donde siempre se ven
las mismas películas: "Mutación del jardín";
o "Daturina": alcaloide contra Asma Psique, agotada.
.....-¡Allí no! me digo casi gritando:
allí sería un ciego: en butaca, sí, pero abandonado.
Mas, como lluvia que piensa, tengo mis paraísos ideados,
mis sutiles fantasías alimento, siempre azules,
consuelo de angustias, artificios cumbre que no son tiempo;
luego, estoy a salvo, razono,
y me dejo cubrir de un cuerpo damasco, sin edad, puro.
Y tiempo sí fue aquel: ojos luz que cobijan,
tiempo estrella,
carente del saber que un día sepulta al otro,
que las agujas del reloj no son un invento,
que existen, que son propias de los mundos dinámicos
......y tienen que jugar y moverse
y correr como niños locos, irresponsables, felices,
niños que destruyen todo, todo,
incluidos los castillos de quienes, en última instancia,
dispusieron vender su alma al diablo.
Arenas amantes, arenas que con mis pies acaricio,
.............tapiz insolado:
exequias que luego besarán la luna,
imposible reencuentro en un mundo tan dinámico.
Y cubierta aún del cuerpo damasco, me pregunto
qué pasará cuando la Esfinge,
sed de lo que no tiene,
se me enfrente y con su bronca voz diga:
......-¡Alto, Quimera, detente!
Entonces es cuando espero que el músculolatir,
baúl repleto, preñado de fantasías,
educado -imagino- para no ser parada ante el asombro,
......pueda decir: -¡No, jamás!
Yo siempre buscaré perfumes nuevos y flores más espléndidas,
flores que me hagan huir de la terrible realidad,
de los sueños sin misterio, de las playas azabache,
playas ámbar negro, vida sólo de algas,
......de algas que te enredan y confunden;
playas en las que me veo nadando sin ser
tan hábil como Edipo ni tan práctica como Yocasta.
Y el damasco sí tenía edad, erosión; era tiempo:
......lo supe al amanecer.
Como pude, salté del sueño, me puse la máscara y eché a correr.
Mas la memoria, detrás, selenita sin mercurio, sonreía.
Pedro Gollonet
Eolo enfurecido
"Desde que nací estoy lleno y vacío de mí
mismo y así conozco que la verdad más
inocente es un destino".
Juan Gelman
Quisieras que el dolor se replegara
como la adormecida ola
en las tórridas noches de verano,
poco a poco, reptilmente,
que en su huída arrastrara suavemente los despojos
y se alumbrara tan sólo con destellos salpicados
del candil de tu memoria derrotada,
mas siempre triunfa la versión de Eolo enfurecido
y al iluso olvido codiciado
sucede el implacable puño
que te hunde la daga en las entrañas
y recuerdas que ya estás herido para siempre,
que no bastan como antaño los anhelos,
que los años te estorban, te apisonan,
y las grietas de los pies amarillean,
al esqueleto lo presientes más que antes
y sobrevienen adúlteros tus sueños
en mugrientas pensiones de una noche,
y en medio de esta jungla
que aborreces,
del tiempo que te engaña
en cada recodo de tu calle
que, después de tantos años,
tantos días ni siquiera reconoces,
ahí sigues, sólo
y con el alma dolorida.
Retírate; no te obstines,
asume el fracaso y la tiniebla,
que el miedo a la nada es peor que ese dolor
que -al menos- alimenta la locura de estar vivo,
mientras crees que el escozor está curando tus heridas.
Déjate arramblar por todas las galernas
que despiertan a las olas timoratas,
revuélcate y permite que el agua te salpique
y en tu rostro se incrusten los cristales,
a la espera de alguna sorpresa, un sobresalto,
aunque cada vez aparezcas ante el mundo más extraño
y seas extranjero en el próximo segundo.
Lunas confusas
"La decadencia añade verdad,
pero no halaga".
Vicente Aleixandre
Son más que muchos los días
en los que obscenamente
aparentas luna llena;
en cambio yo
-y aunque finja-
ya casi siempre
menguante,
ayuno de la medida
para, al menos,
con mis yemas
algún cuarto
llegar a rozar.
Me sublevo
al no lograr apurar
tanta seda
en desperdicio
y se me anegan las horas
- inepto gestor de mi tiempo-
del deseo por fugarnos
de este opresor espacio
a mares de dunas
de palabras, besos húmedos
y llantos
por placeres derrotados,
a tierra yerma de adioses
y de fechas por cumplir,
enredada en la pereza
del tiempo más tahúr
y holgazanear
en pasiones no inventadas,
sin calendarios caducos
que consuman en fatal espasmo
de muertes cansinas
-sin edad-.
Voy a apurarte la piel
que hasta ahora
no has opuesto resistencia
y me sublevo por fundirme
en luna nueva;
sigo siendo tiempo
en la torpe espera
de cuartos con futuro,
aunque todo sea ficción,
como el propio tiempo,
como yo.
Palabra y tiempo
Para algunos exigua memoria,
abisal aflicción para más,
bien pronto -para todos-
nada;
unos antes que otros,
a la postre todos.
Quien del silencio viene
al silencio retorna;
lubricán del alma,
silencio más olvido
-dulce narcótico
para sanar la locura
que a la existencia
envuelve -.
Palabra y tiempo,
hasta que el tiempo
se funda,
la palabra se extinga;
silencio,
más olvido siempre.
Soledad del alma, silencio,
silencio -insondable presencia-.
¿Cuál es su aroma?
¿A qué huele el alma?
¿A nardos o a pena?
A soledad.
Metástasis de sombras.
Para algunos exigua memoria,
abisal aflicción para más,
bien pronto -para todos-
nada;
unos antes que otros,
a la postre todos.
Luz Macías
El grito de la mariposa
La mariposa desplegó las alas
y el grácil cuerpo se colgó del cielo;
la larva ¡al fin! pudo cumplir su anhelo:
que todos vieran sus mejores galas.
Y remontó montañas, sin escalas;
revoloteó la rama del ciruelo
y libó, de su hermosa flor de hielo
y del mar, las salinas de las calas.
Pero ella no sabía que su vida
era pequeña, que era corto el vuelo
y sintió una punzada en la caída.
Y gritó su garganta terciopelo.
Roto su corazón, cayó dormida
y el viento, suave, la posó en el suelo.
La patera
El mar mece la barca,
la sed y el hambre.
La miseria, desnuda,
llaga y pudre la carne.
Nunca fue el horizonte
tan lejano, tan esquivo y cobarde,
ni el vientre de la tierra, tan redondo,
ni el abismo, tan negro e insondable,
la justicia del sol, tan asesina,
ni la maldad del hombre, tan infame.
Mientras mece la barca
canta la mar:
“Dormíos, niños míos,
para no despertar;
los ojitos abiertos
llenos de sal”
Noventa rosas rojas
Todavía viven sus últimas rosas.
Voy cada mañana a ver si deshojan.
Aun se conservan erguidas, altivas
como un desafío
para que no olvide
aquel amor mío.
Noventa lanzas rojas ha lanzado
contra mi corazón atribulado;
noventa desvaríos imposibles
noventa crueles dardos infalibles
noventa besos
noventa llamaradas
noventa maquiavélicas celadas
noventa corazones ensartados
noventa rosas rojas ha mandado.
El sembrador
Volverás a mi huerto del olvido
para arrancar ortigas y acederas
y surcarás de nuevo sus laderas
y nuevamente sembrarán tus manos
tiernos esquejes y semillas nuevas.
Recibirá la tierra, agradecida,
el fresco riego de la abierta acequia
y hasta los mismos centros
me llegará la savia renovada,
por las ramas azules de las venas.
Y se abrirá mi rosa más fragante
a un nuevo amanecer
y al renovado empuje
de otra primavera.
Antonia Bocero
La entelequia del poeta
A Luis Cernuda
Caminas por París,
por Londres,
empapándote de modernismo.
Ya eres el dandy que presiente
la aventura de la muerte y el lenguaje,
el que la acepta, casi con fervor,
al tiempo que se ruboriza
ante el gozo y la luz juvenil de la vida.
Ya eres el rebelde que no transige
con nada,
el poeta de la rebelión y la belleza,
el de los placeres prohibidos
y la exquisita sensación.
También
el de la imposibilidad de ser feliz,
el eterno exilado,
y no solo de tu país,
sino del mundo
como todo poeta.
Tú pertenecías a un orbe más puro:
vivías en el universo platónico de las ideas
y ahí estuvo el problema:
que fuiste como la absurda gaviota
que por la ciudad gris,
lejos de su medio,
volase la entelequia del poeta.
1996
Eduardo Prieto
.
Fénix emprendedor
.
Quebrado como una rama de abedul
A pesar de ser árbol corpulento
Cuanto más liquido aún más aumento
Los tormentos que despidieron del baúl.
Sombra rosácea del fruto zumiento
Manantial silente de gemido azul
Bajo los dobleces de un tupido tul
Que embarga con creces mi pensamiento
Enderezando la rama quebrada
Con más firmeza que una resolución
De grande fortaleza disfrazada
Para así celebrar la restitución
De la que ayer fue extinta llamarada
Y hoy es fénix inyectado de ambición.
No asoma sus fauces el misterio
Si la noche sabiduría roza
Apostada en el viejo cementerio
Hay estrellas fuera del planisferio
Y un arcano que la Historia destroza.
Mas no asoma sus fauces el misterio.
La divinidad subterránea goza
Contemplando a quien sin temple solloza
Al no encontrar telúrico imperio
Cuando el olvido se olvida aparece
Por la esquina el insólito recuerdo
Que como fósil resuelto florece.
Olisqueando memorias como un cerdo
Que con trufado producto tropiece
Y descubra que el loco es…el más cuerdo.
Bardo burlado por el tiempo
Rostro burlado. Cariz del idiota
Los pliegues del alma hastiada separas
Cuando las semanas parecen horas
Bañando los labios salada gota.
La insatisfacción tiene muchas caras
Y el amargo sabor de la derrota
Recuerdan un grano que nunca explota
Y todas ellas son desoladoras.
Sufres auroras y deseas que truene
Que la fría lluvia borre tu figura
Que ya la voz apremiante no suene
Que se diluya entre la bruma oscura
Que el tiempo aprenda que no te conviene
Saber cuanto su burla acaso dura.
Juan José Romero
Fundidos en un sólo cuerpo
I
Mi amor, desnuda sobre nuestra cama;
sus pechos, por pudor, bajo sus manos;
lo mismo que si fuera un viento altano
mi corazón, cual ciervo en celo, brama.
Sobre ella mi desnudo se derrama
en un “vivace” recital de piano,
mi lengua, ya, en dibujos dalinianos
presta está para que sus pechos lama.
Fundidos en un ascua de deseos,
amándola derrocho mis sentidos.
Ausente ya el sosiego, ya la calma,
se trenzan ¡Ay! sofocos y jadeos,
ayes, ansias, sollozos y latidos;
¡el éxtasis de un cuerpo con dos almas!...
Nunca durmáis poetas
II
¿En qué recóndito lugar
de la maquiavélica mente humana,
nació la guerra?
¿Qué miserable chispa
disfrazada de neurona
hizo que germinara tal semilla?
.................
Que no… señores… que no.
Que no puedo aceptar que el barro
con que se hizo mi escultura,
se convierta en cieno.
Lanzaos todos en lucha.
¡ Nunca durmáis, poetas ¡
Que al viento suenen las campanas
de vuestros pensamientos.
Seguid cantándole a las flores,
a la miel de las abejas,
al vuelo misterioso de las aves,
a la luna y las estrellas,
al riachuelo cuando salta
juguetón entre las piedras,
al inmaculado verde de la jara
o a la música del campo
cuando la noche se adorna
con su manto de estrellas.
Que el estallido de estas armas
aniquile toda guerra…
Que en mil pedazos salten los confines
con sus himnos y banderas,
idiomas, ideas o credos,
y que a través de la poesía,
todos unidos,
ganemos la batalla del amor.
Katy Parra
En noches como ésta
los balances no ayudan demasiado.
Los recuerdos te escupen a la cara
y desde algún lugar del corazón
te arrojan trapos sucios.
No grites. A estas horas
no ha de escucharte nadie.
Sería preferible
que a golpes de martillo
desclavaras tu culpa de las cosas que amas.
No busques una excusa para retroceder
ni pongas esa cara de perro apaleado.
La noche te ha elegido y eso es todo.
Sabes que no hay salida de emergencias.
Preludio mortal
A Juan Ramón Barat
La música de Albéniz
sonaba en la trastienda de tu alcoba.
Apenas me miraste.
Me vendiste el amor
sin preguntar mi nombre,
sin desnudarme el alma,
sin devolverme el cambio.
La calle estaba helada,
oscuramente ajena a mi presencia.
Un perro moribundo
aulló y siguió mis pasos
sin preguntar tampoco
hacia qué extraño infierno caminábamos.
No maldigas el tiempo que perdiste
conquistando mi alma
y otras cosas.
¿Aún deseas que te diga
lo que quieres oír?
Sírveme otra cerveza,
arráncame la ropa con los dientes
y destroza a pedradas
el castillo de arena y cicatrices
que a diario restauras
en alguna bahía de mi olvido.
El homenaje
Quién te lo iba a decir.
Después de tanto mérito,
de tanta erudición,
y tanto público…
no ha quedado laurel
para premiar tu esfuerzo
ni para celebrar tu aniversario.
La vida es una puta caprichosa.
Primero te convida a sus habitaciones,
después, sin previo aviso, se desdice
y te deja plantado,
con el alma en un puño
como un triste payaso sin oficio
y con los pantalones por el suelo.
Elvira Ramos
____
Mecánica del corazón
Escribir a oscuras
es lo más parecido que encuentro
al estado de mis emociones.
Eres como un cristal arañando mi piel,
muy lentamente,
y siento como limpias mi sangre
lamiéndome la herida.
Has hecho un círculo en mi pecho
y estás tardando en abrirlo
para llevarte a hurtadillas mi corazón
que yo ya te había regalado,
previamente,
Pero verás, cuando lo tengas entre manos,
que su mecánica es diferente a la de los demás
y entonces me odiarás y amarás a partes iguales.
Porque te lo has llevado, y no sabes como funciona,
porque no sabes cómo necesito que me quieras.
Caricias apenas perceptibles
Me gustan las caricias
que apenas se perciben,
me gusta que las sientas cuando las invento para ti.
A pesar de que me acribillas a preguntas,
a pesar de que nunca esquivas mis respuestas.
Me gusta que Morfeo
te venza en mi regazo.
A pesar de que a veces muero porque
me venza a mí en el tuyo,
porque desde que te he sentido cerca
no duermo pensando como hacerte
las nuevas caricias que he inventado para ti,
y que no me importa que apenas las percibas...
Mientras yo le concedo a Morfeo sus deseos,
sueñas con un avión que llega a la T4...
y yo sigo inventando caricias apenas perceptibles.....
Y aún así, te doy las gracias,
por devolverme las ganas de soñar....
Por un olvido
Ay!
aquel Septiembre que te cruzaste en mi camino,
no me olvido de la hora que me reconocí en ti,
porque desde entonces te recuerdo cogido de mi mano,
a pesar de los pesares que tanto nos han pesado juntos,
porque desde entonces cada vez que tu sufres
lo hago yo contigo, y no puedo evitarlo.
Has tocado mis risas y mis llantos,
has escuchado mis manos y mis pies,
has sentido que me estoy enamorando.
Ay!
me has dicho mirándome a los ojos,
ahora que empiezas a respirar
y vas, y le das más trabajo al corazón.
Ay!,
te he replicado con sonrisas,
de aquel Septiembre en que Vetusta jugo con nosotros
por medio de un Olvido,
nuestras vidas ya no volverán a ser lo mismo y además,
de forma gratuita,
has marcado en mis pulmones el concepto de amistad,
con una inyección de aire comprimido,
con una inyección de amor intravenosa.
Es porque llega más rápidamente, y así,
no te queda más remedio que querer,
y no te queda más remedio que dejar que te quieran.
Me susurraste al oído cogido de mi mano....
Antonia Bocero
Salir indemne
Tras una violenta decisión, imposible,
se agarró a un lanzallamas: las palabras;
se montó un decorado en cartón piedra:
un film de sueños con Tarzán y mucha selva.
Y como un temblor de lluvia se fue durmiendo:
se apaciguó el imposible, el jadeo;
y, aunque herido, va sujeto: se libera.
Y así, furtivo,
sale de la bóveda donde respirar significa frío;
de donde piensa que los mayores prodigios habitan en el hielo,
en la luna,
también en los espejos: los que miran cuando llegas.
Cuando llegas...
Y, entonces las palabras,
oliendo tragedia,
toman la violenta decisión, no imposible,
de precipitarse al vacío, a su fin postrero,
y en ello están.
—¿Adónde vais -les grita su aventurero-,
cayendo de la mano de un puñado de noche,
y sujetas a la pata de un elefante?
¿No veis que la trompa anuda la mano
y, aunque chillando, vais a la nada?
(Aun así, tesoros sagrados: las Palabras).
Y el vacío está helado,
y la nieve cubre el sexo de un diccionario,
y el pobre animal se queda inmóvil:
no puede remontar el vuelo.
Y quieto, enfrentado a la liturgia de la noche, sueña...,
sueña y espera hallar la clave,
el modo de salir indemne de la lluvia caída
sobre el decorado de un film con Tarzán y mucha selva.
[El libro "Camino a Sérifos"
esta formado por los poemarios
"El cubil de los sueños"
y "Las locuras tienen 100 días"]
Leo Zelada
Arte poética
He arrancado al dolor belleza
Recorro solitario las bancas de esta ciudad
Camino por el invierno de Europa
Mis manos frías son el otoño
:
.
Lejos de mi patria escondo mis lágrimas
Ausente tu cuerpo
Elvira Ramos
Soy el sexo a los 30
¿A qué venís ahora,
treinta años sinvergüenzas,
a mirarme a los ojos fijamente
vacilando sin piedad
sobre el sexo sin luz,
sobre mi lengua húmeda?
Ahora que llego yo
queriendo dieciocho,
para volver a Sodoma
y aprender a quererme.
¿A qué viene ahora- que no lo he buscado
-el limpiar mis lágrimas blancas
con un erotismo
que no es digno de mí
si no es contigo?
Antonio Linares Familiar
Final
..................................a Gemma
Y sobre un pez viaja la calma,
escamas barnizadas de mediodía,
y la boca hacia el este:
de esta forma iniciará cada jornada el caminante.
Abierto, limpio de huellas,
ya no es viajero, intruso,
se desnuda la piel,
llega a la tierra violeta,
abraza la caricia de un suelo firme,
como horizonte cumplido,
sobre pavesas con sabor a ron.
Antonia Bocero
Profanando la pirámide
Opus I
¿ Adónde te escondiste,
Amado, y me dexaste con gemido ?
SAN JUAN DE LA CRUZ
Mucho después del descubrimiento de Nefertiti
......................................en Tell el-Amarna,
desvelamos, en la ciudad de la luz,
la táctil policromía de lo recién estrenado.
Hubo temblor de luna primigenia y desconcierto de niño,
estupor de quien se supo estigma inocente.
Descubrimos, camino hacia la pirámide,
que allí se guardaba el secreto de lo eterno,
y que debía hacerse en plenitud de luz apagada,
en eclipse de sol: merodeando fantasías a la luna.
Pudor, música y lino blanco nos estructuraron un horizonte
jeroglífico color Marte, perfume de fiesta dionisia:
un poema virgen para unos cuerpos que ya no lo fueron.
...........En aquel amanecer prolongado,
la dulce herida se nos cobijó en el viento,
...........en un Ostinato Juego de Niños.
Juego que nos llevaría, cual dioses que ignoraban,
...desde el hogar de Nefertiti, al germen
......donde vive, en pirámide
.........invertida, lo que
.............carece de
.................culpa.
Hoy nos amanece símil, y aquella piel, sofocada
en la noche, aún se piensa ofrenda,
se piensa lejos de su destino;
se protege en aquel ideal,
ideal que en la ciudad de la luz se le fue haciendo hombre:
Montaña...
Amaneceres de verbo sensual, que un día,
sin embriaguez ni fantasías,
apagado ya el silbo de la vida,
el laberinto del deseo, prestaremos a otras lunas,
a otro amanecer, donde el hogar de Nefertiti
sea la lágrima que la nieve,
triste en primavera, deja caer;
caer sobre quienes, profanando la pirámide,
se supieron estigma inocente.
Jesús Aparicio González
En el camino de piedrabrava a las arenas
perdí mi bolsa de canicas azules,
malvendí los anillos que el amor buscaban
y quemé los cuadernos que escribí desde el sueño
de burlar a la muerte.
.......
La vida es un paseo corto y accidentado
donde continuamente vamos perdiendo cosas
insignificantes, innecesarias
como la vida misma.
Jesús Aparicio González
...
Caminan sobrios
descalzos de deseos,
saben prescindir sin duelo de lo necesario
pues no menos que el aire
todo lo excusan
-son sus tesoros la lana y la paja-,
hombres sencillos con el corazón abierto
que descansan al raso el cuerpo y las horas
sobre un colchón de tierramientras
se encienden compasivas
las estrellas muy cerca en su infinito.
.
El ángel que no esperan
les devuelve el silencio
con su anuncio de paz
que hace público un niño.
Jesús Aparicio González
Betania
Por qué la ausencia si
siempre estuvo abierta la casa del amigo,
en hospitalidad de quien no fue
testigo sino parte,
oído y ojo que ni oscurece ni muere
o no debió morir.
Si hubiera estado allí donde debía
-piel con piel con quien le dio de beber
- si su presencia nunca
se declarara en tregua de amor,
hoy esa otra parte de si mismo
que bebe las tinieblas
no hubiera muerto.
Una lágrima puesta al fuego,
cual único presente,
grita:
Lázaro
levanta.
Carlos Guerrero Gallego
Aquí llega la noche
No te dejes vencer por su tersura,
su intemporal matiz, sus tentaciones,
ni escuches junto al marco de la vieja ventana,
de madera podrida y cristales de polvo,
el ritmo del silencio que repite un cantar
porque la noche engaña, como aquella mujer
que espera en las esquinas y sisea a los hombres,
y quiere seducirte para atarte las manos
al mantel que sostiene pesadillas oscuras
y días sin razón, desasistidos,
y allí te sentirás como distinto,
confundirás la luz con la luna engordada
de escaso plenilunio,
donde los hombres lobo violan Caperucitas,
y te irás a dormir cuando la aurora,
sin esperar por ti, ni puerta abierta que permita
al amor tener su espacio. Y solo has de seguir
hasta encontrarte debajo del mantel,
sin tiempo que buscar, acaso muerto.
Jesús Aparicio González
.
y acierta a desandar las luces no cantadas.
El tiempo de la espera es hoy fecundo
en arpegios y no se escapa
ninguna golondrina
sin su beso.
Abrazo cada instante, así me impulso
con los sueños para mover la roca
y salir con el rostro encendido
como el más bello de los pájaros.
Por mis venas aún corren amapolas.
Duele la noche
en los ojos de un hombre
que rumia sus vacíos
sobre las nieblas del insomnio.
Huérfano de respuestas
abre la ventana y pide en lo oscuro
por su mundo perdido,
por su casa agrietada,
por su corazón roto.
Rayando el alba un pájaro canta cuanto ignora
del bosque, de su árbol, de sí mismo
y el canto arranca luz.
............................... (26 de Abril de 2005)
ni margaritas de pétalos blancos
y botón amarillo, ni amapolas
rojas, donde tumbarse cara al cielo.
Pero a mi alrededor el mundo calla,
ningún oficio muerto y con prisas
rompe la soledad de mi despacho
y un papel blanco es todo mi horizonte.
De mis desiertos cazo aquí una estrella.
Sobre el papel la exploro y me libero,
en apartada orilla, de lo oscuro.
Soy peregrino al reino de las luces.
Mientras sueño, mi mesa se ha llenado
de su hierba, sus flores y sus frutos.
.................................. (13 de Mayo de 2005)
Alejandro Drewes
Canto del viento
Y esta palabra que aún
es un temblor en el aire
en su tiempo inestable
la senda una vez caminada
con otros, un país cuyos gritos
silencia la nieve.
Qué historia habrán de contar
estos árboles después,
muchos años después
de las grandes devastaciones.
Presiento el hurgar de manos sin rostro
en el secreto del amplio corazón
de madera quemada, sin piedad
ni otros gestos.
Pero habrá volado entonces
loca la carrera de los siglos sin edad
como alas de nieve por la tumba
de los dioses del olvido y la cizaña,
como vuelo de luna en el negro
espejo roto de los viejos magos.
Alejandro Drewes
Lluvia
Y caen y caen las gotas
aquí en este hoy como siempre
en el ocre país
donde ya nadie recuerda
ni hace preguntas
Cada uno arduamente
respira el poco aire
que resta y afuera
el tiempo acecha
de toda violencia
Muda en su polvo
olvidada de todo
la lira inmóvil reposa
del dios que nos hizo
de barro y de tiempo
Y estas notas que tremolan
su instante más triste
aún en el viento del mundo
y esta oscura lluvia, ya diluvio
en la casa vacía del alma
Thomas Stearns Eliot
(fragmento)
El dosel del río se ha roto: los últimos dedos de las hojas
se aferran y se hunden en la húmeda ribera. El viento
cruza, inaudible, el ocre país. Las ninfas han partido.
Dulce Támesis, fluye suavemente hasta que termine mi canción.
El río no arrastra botellas vacías, papeles de sandwiches,
pañuelos de seda, cajas de cartón, colillas
y otros testimonios de noches de verano. Las ninfas han partido.
Y sus amigos, indolentes herederos de ociosos magnates
se han ido sin dejar sus direcciones.
Paco Checa
.
Allí vi, de frente,
desmoronarse un padre
y llorar a una madre.
Los hombres lloramos en círculo,
colgados de bucles de acero.
En la cara ponemos la luz de los días,
la ilusión de las mañanas,
los quehaceres de seres vivos,
quizá el amor.
El vino y la taberna,
la rabia y el fútbol,
la tele y un beso de otros
endulzan desayunos de leche agria.
De frente, la cara de los sueños.
Por la nuca, los ojos del crepúsculo
son agua de escarchas heladas,
cárdenos pinos de miel
enraizados al corazón.
Las espaldas son espejos
de nuestra esencia:
oyen nuestros llantos quienes nos siguen.
Llorar en círculo,
enfrentados al destino,
es la forma silenciosa
de plantarle cara a Dios.
El llanto, piedra transparente,
colma la garganta del viento
con tempestades sin peso.
Por amor solloza una madre,
en una esquina ríen dos enamorados;
llora un niño al elevarse su globo.
He visto llantos desbaratados,
obscenos, pueriles, abiertos,
lágrimas contenidas sobre un podio.
llantos roncos con sonrisas de almíbar.
Lloros en la impotencia de nuestra pequeñez.
Yo he llorado,
como todos los hombres de la tierra,
colgado de bucles de hielo,
y los he visto llorar
en el ocaso de soles verdosos.
En aquel febrero de sucios tejados,
desde las entrañas de la tierra
y contra Dios,
todos lloramos en círculos rotos.
No hay un llanto
que llega de lo más profundo,
más lejano,
más extraño,
más largo,
más transido de dolor,
más inhumano,
más hondo,
más angustioso
y más humano,
que el llanto que dice adiós.
.
Aureliano Cañadas
Habíamos ganado la batalla,
celebración y duelo, porque yo
el muy noble Kunami Naozane
perdiera al hijo único.
Me habían cercenado
ese brazo tendido hacia el futuro.
No cantaría más mi sangre en otra sangre,
ni en otro cuerpo ni en cuerpos sucesivos;
era sólo un arroyo desviado
hacia la arena estéril
de ningún tiempo.
¡Oh, su cabeza exangüe sobre mi pecho mientras
el pincel de la muerte dibujaba
en morado sus labios, y los labios
obscenos de la herida sobre tu tersa piel!
.
El duelo
Habíamos ganados la batalla.
Los Taira huían como fila de hormigas
desbaratadas por los repentinos
pies del azar. Íbamos
pisándoles la vida y los talones.
Llegamos a la costa.
En el atardecer, aquel guerrero,
de inmortal armadura y casco de oro,
que refulgía bajo el sol poniente;
de inconfundibles armas enemigas,
abandonando entonces su caballo,
se dispuso a embarcar hacia la salvación.
Nunca lo hiciera:
yo también desmonté y le di alcance,
y allí, sobre la playa,
tuvo que dar respuesta al desafío.
Desde aquel primer golpe de sables conocí
lo débil de la fuerza de su brazo,
después su inexperiencia y su fatiga.
Lo fui llevando lejos de la playa,
la rítmica esperanza de las olas.
No yo, sino la muerte le recortaba el aire.
Cuando pronto lo tuve jadeante, derribado en el polvo,
lo despojé del casco: era apenas un hombre.
Y recordé a mi hijo, su impaciencia
por recibir su sable y su armadura.
Por su imberbe mejilla aquella lágrima
por él pidió clemencia: no la tuve,
instado por los gritos de aquellos compañeros:
¡mátalo, mátalo! Es el Taira Atzumori.
.
El monasterio
Los dedos del invierno se posan, silenciosos,
sobre los viejos pinos,
abolieron estanques, tejados y senderos
con su intacta blancura.
Perdura por su ausencia el canto de las aves.
Cuántos inviernos ya y cuánto queda
en mí de aquel Kuname Naozane
que renunció a la gloria de su estirpe y sus armas,
a vasallos y hacienda; en el monje que ahora
para dormir despliega su esterilla,
no sin recordar antes, como todas las noches,
los ojos de Atzumori.
.
Antonia Sánchez Verdejo
Frío y nieve
mañana fría
solitario camino
mas voy cantando
Pobre paloma
Has terminado el vuelo
Contra el asfalto
En el camino
Permanecer es raro
Irse es normal
Por el parque
Sólo sombras y frío
¡Qué silencio!
Noche de Reyes
Aún sueña con ellos
Mi niña interior
Guillermo de Jorge
Del libro HK-G36E
V
contemplé el cuerpo
asediado: implacable
de verdad; obligado ante la materia
a ser mortal.
resistiendo sin vencer,
llamé
y proclamaste mi nombre en tus ojos
cuando aún sólo eras secreta cumbre
sobre mis manos, y esta hambre
solitaria
obligaba a seguir vivo.
XI
soy
dolor,
párpado,
temor,
fragor de muros,
sangre,
quien crece,
quien es posible cuerpo aún;
un silencio inolvidable
sobre el labio,
quien te amará aún
desde este cuerpo
aunque no exista.
.
Adrián Ballester Cerezo
Soledad
La soledad es el estado
más habitado;
está poblado de recuerdos.
Exilio
El exilio
debe ser frío, rugoso y cortante.
Algo así como el lugar que surge
en mi cama —pese a sus limitadas
dimensiones— cuando te enojas
y giras tu cuerpo
y me condenas
al abandono de tu espalda.
Deseo de ser ola
Puedes sentarte a observarla,
verter tus ojos al mar
o bien vararte en la orilla
para que la próxima pleamar te una a ella.
Si es así, en ella me encontrarás
saciando mi deseo de ser ola
para subir bien alto
allá donde se besa al viento
y sus dedos trenzan melenas blancas.
Quiero ser ola,
agua cíclica de perenne regreso,
curtir pieles de anzuelo,
sonreírle nocturno al voyeurismo del faro
arrastrarme hasta las profundidades
donde encontraré el caminar de mi pueblo.
Si es así, si se cumple
mi deseo de ser ola
me sumergiré preguntándome —confuso,
revolcado, oscuro— la justificación de mi venida,
buscaré el tapón desde donde desaguar
praderas de poseidonia, refugio enmarañado
de los misterios que nos llevan a ser ola
o adiós a la vida.
Seré cómplice de Yemanjá
cuando le entregue, envueltos en mi manto
de silencio, aves migratorias a la deriva
flotando entre algas de desarraigo.
Seré ola y testigo
del beso en la frente
de la última de las madres.
Veleta
Llora en lo alto una veleta: el viento ha huido
de la ciudad condenando
su mirada perdida al este,
......oxidando
su corazón por ausencia de atardeceres.
Warschauer Brücke
En esta ciudad no hay cortinas
para ocultar días pasados donde el sol
vestía un inquietante manto de niebla.
Después, empujada por el viento, llegaba
la tarde con olor a tren
sin destino,
que anticipaba
noches ásperas de cristales rotos.
Hoy día yace
bajo el cielo de Warschauer Brücke
mi mirada
fascinada, incomprensible,
al descubrir que el inabarcable
azul de su belleza
comparte con la memoria
su frágil cascarón.
En esta ciudad no hay cortinas
tras las que esconder mis ganas
de llorar cuando llueve. Desolado
compruebo cómo la zozobra de la
lluvia borra raíles sobre los que
tenía que descubrir mi propio camino,
condenando a mi pequeña silueta a vagar
con los bolsillos rotos
por el sobrepeso de la duda.
Antonia Sánchez Verdejo
Paraísos en flor
Amaneciendo
Aún la luna duerme
Entre las nubes
Un hilo de sol
Ilumina los pinos
¡Tarde de ardillas !
Por fin la lluvia
Desde el cielo las nubes
Lloran conmigo
¿Soñó esa flor
Un lugar más hermoso?
Manos de Víctor
Luna sonriente
Una estrella a tu lado
Y yo aquí, sola
Dulce perfume
De estrellas amarillas
Paraíso en flor
.
Mª Dolores Lugo Sánchez
Raíces al aire
IMe gustaba andar descalza.
Sentir el pálpito de la tierra bajo mis pies.
Hacer un ovillo de polvo,
jugando con un palito en el suelo,
y escarbar en un viejo muro.
Tesoro sin retorno de la infancia perdida.
Porque los niños hablan otro idioma.
Están cerca del origen,
del frío misterio del barro.
Los niños están a merced
de las decisiones de los adultos.
Intuyen los cambios como pequeños animales
que anticipan la tormenta.
¿Pero qué extraña criatura
nacerá de la densidad y el aguacero?
II
Aquel día, la silueta de tu padre,
era un recortable subiendo la cuesta.
Recuerdas la escena tallada
en la piedra de la memoria.
Tu padre que llega del extranjero,
con un traje que huele a metro y pizarra.
Lo ves, acercarse a la baldosa de la casa,
y arrojar su mirada sobre la puerta.
El hogar que pronto
será de papel y letra pequeña.
III
En casa te dicen : vas a conocer otro país,
aprenderás francés, irás a un nuevo colegio.
Los mayores intercambian palabras.
Es la hora de la siesta,
y las moscas tejen garabatos en el aire.
Fuera, el sol leñador,
deja los campos adormecidos.
La luz invencible, cegadora,
cobra tributo a las sombras.
Pero los niños aman el silencio de la siesta,
y buscan el pulso de las calles desiertas.
IV
Siempre dicen: los niños se adaptan rápido.
Aprenden el idioma,
el nombre de otras calles,
el apellido de sus maestros.
Sus ojos absorben sin levantar fronteras.
Sin distinguir colores,
en el estuche que manejan cuando pintan.
Añorando, tal vez,
el murmullo plateado de las acequias
y las huertas que los vieron crecer.
Siempre dicen, olvidando,
la increíble extirpe de la raíz.
Su reino imperecedero.
V
En Francia aprendo
que el otoño oxida los parques,
que el lento crujir de los columpios
marca el tiempo, y que los meses,
transcurren en función de las vacaciones.
Aprendo a pronunciar lentamente mi nombre
para que se vista con bufanda y guantes,
y sea poco a poco, como una cuña de nieve,
deshaciéndose en los flequillos de un castaño.
Aprendo a mirar por la ventana.
Descubro que la luna parece un croissant,
y que en el cielo de París,
las estrellas se cuentan con una mano. Mi mano.
.
Paco Checa
El patio del colegio
Subía la pendiente
descosiendo las llamas
del recuerdo
-frías como navajas-
ansioso por volverlo a ver.
Cruzó el dintel
de una sola mirada,
soñó encontrarlo igual que siempre,
mil años después.
Retorció el duende
su estómago de ausencias
y no pudo agarrarse
a las esquinas del viento.
Con ojos como mares,
casi sin aire ni pecho,
lloró por dentro.
Mil lágrimas bañaron su memoria,
mil ojos con barandas lo miraron,
mil deseos de amor y fuego
lo aplastaron desde el piso tercero.
Los cielos de su niñez
como hilos descolgaron
de las ventanas
juegos con harapos,
recreos de silbato y risas,
domingos de hábito y rezos.
Así era el patio
donde crecía mi infancia,
colegio de curas yermo.
La fuente de estrella,
en el centro,
sin agua,
de papeles llena,
huérfana de azulejos,
triste,
mustia de sequedad la vi
sin sus peces de colores.
Ya sin arcos,
sin guirnaldas,
sin campos por los que corríamos
al desafío del tiempo,
ni el pilar donde beber con las manos.
Solo,
sin mangas que abrochar,
perdido en el abismo
se marchó aquel niño,
mordiendo sus huellas,
serio y quieto.
Él no me conocía (¿o sí?).
Yo sí lo recuerdo…
Mercedes Sáenz
Algún último poema
He buscado una luna
sobre la negra noche
que parezca pálido cristal
cómo tu última mirada.
Miré otra vez tus pies
algo cansados
no queriendo
deslizarse hacia la izquierda.
Sin palabras ásperas
que se rompen en mi mano de tanto apretarlas
y después las suelto,
papel picado ya,
como mariposas muertas.
He buscado la noche
al filo de esa luz que tiembla
color ceniza, casi amarillo muerto.
El árbol más grande
tiene tantos brazos
que mi frente ahí no parece nada.
He buscado esta noche
como una gorra negra
para taparme los ojos
y decirte adiós
amigo mío,
y que el amor que hubo
alguna vez se vaya.
.
Domingo Nicolás
Tú eres la tierra por la que preguntas
Aunque no lo percibas, te intuyo y reconozco:
pues se vuelve a los ojos -del alma y la memoria-.
.
Después de tanto tiempo
de error... aquí percibo tu imagen, tu presencia,
hijo mío, Gadea, en este extenso huerto,
con esmero cuidado por mis curtidas manos,
aunque no lo concibas: esperando.
Aporcando este olivo, símbolo de la vida
y de sus vendavales... te he esperado
bajo esta sucia túnica -mísera, remediada-
protegiendo mís piernas...
He esperado tu vuelta desde antes de nacer,
camino de las zarzas que cubrieron de angustia
nuestra noble esperanza...
.................................................Aquí he esperado siempre:
Desde tu orto al regreso, aunque cueste entenderlo...
Te vas aproximando
y me ves abrumado por los años
con tantísimo duelo allá en mi espíritu,
cuanto proporcionaste a mis entrañas...
.
Veo que te detienes junto al árbol crecido, y te asaltan las lágrimas
y veo que te indecides en corazón y mente
a asumir esta historia...
..............................................Pero no me interrogues,
lo prefiero, las pruebas ya acabaron...
.
No es demasiado tarde, si en dolor me confundo con el gozo
caída la cabeza y la mirada,
e incierta aún la pericia
obligada al final con que te anhelo.
No preciso cuidados: la grandeza consiste
en semejarme al siervo devoto, fiel, virtuoso...
.
Tú eres la tierra por la que preguntas
en mí comprometida.
...................... Y no tendrías sentido
sin mi dolor: presencia a cada instante.
Se de tu soledad, y de dónde procedes,
yo, -aquel bajel que te engendró y que rápido,
te trajo-.
...................... Aún permanezco.
Anhelaba este abrazo, de soplo quebradizo;
mas sobre el hondo origen del silencio, del miedo.
.
Unigénitos somos.
Vuelan a tu derecha propicias aves que unen
nuestra luz, su deseo blandido en esta lanza
como único destino con bramido de paz en su embestida,
Gadea, en su congoja...
.
Mas todo fue advertido:
es la vida un relámpago furtivo,
engañoso,
que nos hace pasar... no al estilo de Escila o de Caribdis:
ser héroe es otro asunto, acaso en decadencia,
en lid con el destino,
.
Llegas, cuando ya marcho, hijo mío, ...continúa.
.
Jesús Aparicio González
lame ya con su luz de niña muda
el sueño del gorrión y le despierta.
En esta hora dada para abrir
las manos y beber del fresco prado
su húmedo latido, su canción
que me hace crecer; cuando los ojos
se me van llenando de nuevos verdes
y mi pie pisa firme en el silencio
de las losas, entonces, dejo el miedo
salgo al jardín y escucho si alguien llama,
pregunto por la voz reconocida,
me busco entre azucenas escarchadas.
.................
Duele la noche
en los ojos de un hombre
que rumia sus vacíos
sobre las nieblas del insomnio.
Huérfano de respuestas
abre la ventana y pide en lo oscuro
por su mundo perdido,
por su casa agrietada,
por su corazón roto.
Rayando el alba un pájaro canta cuanto ignora
del bosque, de su árbol, de sí mismo
y el canto arranca luz.
.
Adrián Ballester Cerezo
Intenciones antes de embarcar
::
Estoy aprendiendo a derramar el café
con terrones de andenes amargos,
a escarchar abrazos de despedida
para no ser vulnerable a un mañana ausente.
Si no fuese hoy mi adiós robaría
horas
al sueño atrasado, a la tabla de planchar,
al dogma del periódico,
al arado de tantos días infértiles,
para compartir una mesa donde vaciar brindis
con vuestra cristalería de laurel. Arañar versos
entre bocanadas de risa verde.
Barajar, con manos húmedas, fotografías
en extintas playas del sur;
mientras notamos en nuestro interior
cómo aguijonean con zarpazos de nostalgia
los desnudos incandescentes que vestimos aquel verano.
Pero ahora, el silbato de la estación
inyecta de frío mis labios
y es mejor no mirarnos a los ojos
para evitar grabar un instante
que envenene tanta savia compartida.
Domingo Nicolás
.
De la visión y el sueño
Reciente ala el deseo, (amanecido),
soñé, -debí soñar-,
aquel maná del aire por tu brisa:
certezas sugeridas de madre insinuada, garantías
del todo: allá tu aroma
cálido en el regazo de la estancia...
.
Soñé una vez, -debí soñar, Gadea-,
que me igualaba al aire, porque aprendí a orientar
sobre las altas cumbres aeroplanos, deseos,
mil ingenios de caña...
.
Y, al descender, era preciso andar. ¡Y lo intentaba!;
a pesar del anclaje,
de ser en cautiverio...
.
¿Viví?...
..........................Desatiné otra noche
y cuanto confidencio
era el humo de siempre,
la constancia
de insólitas herencias, que mi pecho
de soledad poblaban.
.
A punto de partir,
indagué en los archivos:
........................................nada. Nunca
la vida, su memoria
por el vano vestigio de los sueños ...
José Sánchez Collantes
cuando dijo profundo y quería decir apático
rasuró las palabras frías para llegar
a mediocridades imprevistas
con trozos de gelidez
cóctel de noes
insípidos
vacíos
fatídicos
el tenaz futuro
fue al fin dipsomanía
ascética imposible famélica
haciendo trizas el minuto excéntrico
cuando dijo usted y quería decir monótono
Ana Alcaraz
y el corazón como un espejo fragmentado.
Los pies en la tierra
y el alma en constante desarraigo.
Los ojos acostumbrados a las ruinas,
al desierto, la cal y los barrancos.
Mi voz tiene un pasado:
emerge de las antiguas canciones de los míos.
De los espacios que con el tiempo han ido deshabitando
Juan José Ceba
Guardé en la sima de mi oscuridad
fruta de sol cerrada, dermis
de dura noche la recubrió
para ocultar
el feliz centelleo de sus ángeles:
a la deriva fue por mares agitados,
buscó planetas, espíritus
o antorchas vigilantes
que le dieran cobijo, jardín
en donde celebrar sus esponsales
y abrirse como boca de prodigios,
como una fuente de enjoyados rayos.
II
Fruta del alba se abre:
rosado, tenues, dulces, delicados
velos
se despliegan
en su sonora
y entregada estancia.
Inteligencia pura glorifica el espacio
y revela el manjar
de sus nupcias en vuelo
con la suave mañana.
Vino a mi rostro,
tocó en el huerto de mi alma
y lo cubrió del oro de sus bodas.
Estoy en ti, dentro de ti,
soy esencia del gozo
que surge de tu hondura
para llenar y rebosar las copas.
Cubrirlo todo, ennoblecerlo todo,
prender sobre los cuerpos su viveza,
hallarles su más honda hermosura,
revelarlos con su nueva ebriedad.
Desconocida claridad,
boca de cielo intenso,
se entrega con arrojo
y derrama gracia.
Nauta del ámbito en que gozo,
voy a ti, vibro en ti, siento en ti,
a ti me doy
sin dejar ni una gota de luz
que esparces por los montes.
Nauta en la altura,
por ti comienza a desvelarse en ser.
A tu vista el tesoro se descubre
y expande
y cubre de consuelo
mi neblí desvalido.
Pedro Soler Valero
Del libro "Cuaderno de Aída
Los lugares que busco ya no existen.
Desconozco las sendas por donde camino,
y los rincones que desvelaron el Paraíso
también me abandonaron.
Nunca más los tendré;
tampoco el sueño me aliviará con el olvido,
y una voz será la mariposa de mis noches.
En ella están los días que reflejaron
misteriosos ocasos, y predicen
mi tiempo y mi destino.
..............................
.
Vendré sin ti;
que las fauces de la ausencia me devoren
y el viento me lleve con tus brazos.
Vendré sin ti,
y que el mármol hostil que nos separa
traspase el dolor de las palabras.
Vendré sin ti cuando la luz decline, y en mis ojos
se encierre para siempre tu mirada.
Emilio Picón Salvador
Amor y odio
I
Los besos que trizan el hielo de la lengua
y arden como el fuego de la carne amando
vuelan tornando en suspiros de desencanto
para vivir en tanto que la muerte mengua.
Las manos de la luz son de agua y escapan
sin huída ni rencores, en natural movimiento,
y queda un latido de oscuridad, desconcierto,
toda la lluvia y los errores que te empapan.
Los pocos instantes mienten a costa del duelo
y rezan para olvidarse de su propia existencia,
trepando y cayendo, encomendándose al suelo.
La noche es tan eterna que parece penitencia
y opto por el hielo, el humo y el desconsuelo,
es tiempo de abrazar la vida como demencia
Mario Sanz Cruz
La radio, siempre tan fiel,
comenta la actualidad.
Ellos dicen lo de siempre,
pero no me suena igual.
Mientras hablan de corruptos,
yo he tenido que frenar
porque cruza una culebra.
En la radio hablan de crisis
mientras millones de flores
miran a la carretera.
Dicen que la Bolsa baja
y veo que sube la marea.
Mientras hablan de violencia
a mí me revive el sol.
Mientras hablan de sequía
yo he visto nieve en la sierra.
Por más que diga la radio
no me apetece quejarme,
ni llorar, ni sufrir.
Por más que diga la radio,
Guillermo de Jorge
Lágrimas estigias sobre la roca sola
la ruptura de mi cuerpo sobre tus labios,
salida de esta celda
donde
se abre gaviota muerta
entre unas manos;
he decidido
volver:
donde la caída,
donde aún soy
y los labios que te besan.
la luz de tu cuerpo atraviesa mis pupilas,
lo anuncian mis ojos;
eres
silencio:
república independiente de mi dolor;
esta ígnea curva que combate
lágrima en la lejanía
-sable oxidado
del árbol que cae
cortando el aire-.
ese es mi dolor;
el trazo de una hoja
sobre la piel:
rubor
que sobre el cuerpo
brama;
llama
del ocaso
sobre horizonte
en fuego
que sobre tu cuerpo
clama:
la memoria
que no te olvida.
poseí todos tus dominios:
la posibilidad del suicidio al borde de tus labios
-la huida entre las provincias de tu piel,
para perecer
bajo unos brazos-.
ahora
sólo
tú
y el espacio
donde aún el sueño;
sólo tú:
rosa sola;
pájaro
que bebe
sobre los labios de la tarde.
existe un lugar para retornar,
un refugio:
tu cuerpo;
donde la distancia y el tiempo
ya no existe.
prematura,
rompes entre la bóveda del paladar:
y haces descender
tu cuerpo
suicida del tiempo.
Debo
de entregarme:
lo sé.
he venido
a ondear tu cuerpo
de aire sobre mi pecho:
he vuelto
a lo que amo.
eres
húmeda curva
de mis párpados que yace
en fuga,
como un ejército.
-verbo sólo
en el paladar -
y en mis ojos
aún
la luz escrita.
ahora
sólo queda
asediar las cárceles
de mi cuerpo, soledad:
eres estigma,
dolor
que estrangula la sien;
y, algún día,
decirte:
lo he conseguido;
y así asesinar
tormentos
que sobre el exangüe
cuerpo aún me sostienen:
ser
caer de hojas,
lágrimas estigias
sobre la roca sola;
el recuerdo de quien
las mueve.
Concha Castro
Le escucho
::
en la experiencia
y la paciencia acumulada,
quiero pensar que nada humano me es ajeno.
Pocas son ya las cosas que me asustan.
Como un derecho,
sé que puedo
cantar las verdades al lucero
o mandar a paseo al más pintado.
De mis manos han caído en este otoño
vanos respetos,
los miedos más atroces,
el ansia y la prisa sin medida.
He comprobado
que es el silencio el mejor de los amigos,
el refugio y el cómplice perfecto.
Si he dado el corazón, lo he dado entero.
Juega conmigo
cuando me hace pensar que aún soy tan joven.
Yo le escucho.
¡Quién lo pensara!
A estas alturas,
empiezo a conocer la lozanía.
Julio Alfredo Egea
llegó el niño llorando por un túnel de plástico;
la rambla conservaba su pergamino anciano
y el hambre de los cuervos sobre las quillas blancas
alzaba un huracán de tizones furiosos.
Exploró con sus dedos las infinitas cuencas,
llegó tarde a los espejos pradera
pero el viento improvisaba flautas
modulando su voz en la osamenta,
logrando un funeral ungido de romeros.
Se suicidó la tarde recordando un galope
y aquel reloj parado
en el bolsillo izquierdo del chaleco.
Guardaba el eucalipto su sortija de crines
desafiando a los vientos su dedo centenario
mientras las dentaduras conservaban su gesto
entre el sol y la arena.
El niño retornó a juegos electrónicos
pero un relincho largo le acarició las ingles
y los ruidos metálicos
ejercían en su pecho oficio de tenaza.
Tuvo que improvisar la primavera cementerios de buitres
cuando sobre los trigos bandadas de helicópteros
exploraban la lenta agonía de la tierra.
Antonia Sánchez Verdejo
Veo hojas en las ramas
Todavía
Pájaros tristes
En otoño se marchan
Ya no regresan
Parece frágil
Crisantemo amarillo
Entre mis manos
Alfombra susurrante
Las hojas muertas
¿No es valiente
Ese rayito de luz
Tras la tormenta?
Sueños perdidos
Cómo me los recuerdan
Las hojas secas
Paco Checa
como aquel niño
que, mientras soñaba comer,
su madre cocía piedras.
Frío, helado, plagado de lluvias…
el invierno era como un haz
de sol agarrotado,
traspasando los almendros.
Sus inviernos eran
escasos de miradas,
solos, como peñas heladas,
húmedos como campos escarchados
al amanecer.
Inviernos de voces tenues,
escondidos en un hogar
sin caricias ni sonrisas;
inviernos sin noches,
días regados de lágrimas ocultas.
Inviernos para no sentir…
(inviernos para no callar).
Paco Checa
La primera huida
Te fugaste como una ola
y me humilló la soledad.
Desapareciste en dos zancadas
y me amarraste a la desesperación.
¡Cómo pudiste correr tanto!
¿Dónde te escondes
desde que dejaste en la arena
tus huellas delgadas?
Borracho de aventuras,
desde entonces no sé
esquivar amaneceres.
¡Cómo me dolió
acostumbrarme a no olerte,
a no desesperarme en tu espera,
a no cazar mariposas gigantes,
a no cegarte la boca
con besos asilvestrados.
¡Cuánto me dolió tu huida!
¡Cómo seca la lluvia
los corazones heridos!
¡Cómo duelen
las palabras sin eco!
Ahora, solo, ¡no sabes
cómo toda la tierra
se preña con mi sangre!
Paco Checa
es la máscara del alquimista que oculta recuerdos,
es el obsequio de los enamorados,
el mosaico oscuro de los solitarios.
El silencio
es el aquelarre de los tristes,
la histeria mustia de la soledad.
Es el dintel de la sonrisa,
pátera de la juventud,
la hebilla de los iracundos,
lauda funeraria de los moribundos.
El silencio
se refugia en la lucerna de los sabios,
es el cadalso con nardos de los pecadores.
El silencio…
Francisco Domene
que tienen como cuarenta años
y un cierto porte distinguido
y una sonrisa estática y perfecta
y siempre miran como si acabaran
de perder el mundo o ese tren
último, del que tanto se habla.
A menudo, pasean por el parque
en horas de trabajo o van al mar
de noche o dan maíz a las palomas.
Van vestidos al uso: una camisa,
un pantalón y un suéter beige o gris.
Nadie diría, al verlos, que desean
la muerte.
(Ah, perdón, me olvidaba de que algunos
de ellos, tal vez los más indiferentes,
suelen cuidar jardines, mientras tanto.)
Julio Alfredo Egea
::
Adolescencia
Siempre estaba una puerta
entornada en el sueño,
y al cruzar los umbrales
iba quedando el ángel
convertido en muchacha.
La ventana de Dios -única y alta-
por la que se asomaba
cautelosa una estrella,
tan sólo era alcanzada
por un vuelo de alondra.
La saliva del diablo
nos mojaba la oreja.
Sonrojo del amor y palideces
de madrugada fría,
cuando pétalos, plumas
y copos levantaban
nuestros pies de la tierra.
Antonia Bocero
"... somos casi siempre los mismos errantes
dispuestos al viaje de oro" (Pablo Neruda)
¿Quién?
¿Quién es el errante
que en la noche busca un dorado,
un arpa de sirenas, un vals, la danza sobre jade?
¿Quién la suavidad de unos dedos?
¿Quién busca en la luna los ritos más ancestrales?
¿Quién desea beber aquí, en un museo de cera,
vino dulce, sacro, en la más sofisticada copa?
-Bohemundo, soy yo, el silencio espurio;
el niño corazón en los sueños cautivo,
el que en las noches te habla de amor,
de un amor hilado en aspas de nieve dura,
¡soy el de los cristales en guerra,
el de las fiestas nardos en la pira!
Soy a quien los perfumes le viven en retablo,
en alma opiácea de ruinas cirenaicas.
Soy quien desea carmín, vino dulce, beber,
en el génesis de la copa.
..................................
QUI ÉS L’ERRANT?
De "Camí a Sèrifos", traducido al catalán por Pere Bessó
Qui?
Qui és l’errant
que a la nit busca un daurat,
una arpa de sirenes, un vals, la dansa damunt de jade?
Qui la suavitat d’uns dits?
Qui busca en la lluna els ritus més ancestrals?
Qui desitja beure ací, en un museu de cera,
vi dolç, sacre, en la més sofisticada copa?
-Bohemón, sóc jo, el silenci espuri;
l’infant cor en els somnis captiu,
el que a les nits et parla d’amor,
d’un amor filat en aspes de neu dura,
sóc el dels cristalls en guerra,
el de les festes nards en la pira!
Sóc a qui els perfums el viuen en retaule,
en ànima opiàcia d’enderrocs cirenaics.
Sóc qui desitja carmí, vi dolç, beure,
en la gènesi de la copa.
Carlos Gargallo
Hoy sábado
Te escribo nuevamente
desde una esquina de esta paisaje
agazapado en la tristeza
de un banco cualquiera.
Aquí, en este instante
en el que todo me sabe a poco
y a lo mucho que te extraño.
Esta fría tarde
tan cerca del invierno
con sus ramas desnudas
y el tiempo
queriendo separarnos
como una inmensa desesperación
clavada en los cuchillos del olvido.
Quien sabe si a estas horas
caen también sobre ti
los pétalos marchitos
de aquel rosas que cultivamos.
Hoy sábado, en un asedio de melancolía,
entre el cercano rumor del tráfico,
te nombro de nuevo
desde este jardín inquietante
donde navego a la deriva.
Manuel del Águila
La noche
.
En la noche hay piedad,
no en el día que es cruel.
Imitando a la muerte,
la noche acuesta al hombre
y a la bestia cansada
y deja conversar, a solas con el alma.
La noche es bondadosa cómplice del pequeño;
amiga de los débiles, de mendigos y esclavos,
ofrece en su tiniebla, la mano del reposo,
el calor del silencio
y el amor de los astros.
A veces me pregunto
A VECES ME PREGUNTO que dónde mora el alma:
Dónde la vida y muerte se entrelazan y vibran;
Se unen y desunen; dónde el sueño se acaba
y se levanta firme la dura realidad;
Dónde carne y aliento se funden e intercambian
la sumisión y el mando.
¿Quién empieza y por qué ...?
¿El alma, dominando a un cuerpo
que es materia quebradiza, asilo del dolor
y campo de placer, o el cuerpo que la ampara
y le brinda amigable la última estadía,
para acabar unidos en un extraño anillo
soldado por la muerte ... ?
¿Pero funciona el alma si el corazón se para ... ?
¿Quién doma o besa a quién ... ?
o de los dos, ¿quién es quien clava su estilete
en el último instante ... ?
.
Mario Sanz Cruz
Viento y mar
Cuando el viento sopla con fuerza,
el aire se asemeja al agua del mar.
En él flotan bolsas de plástico,
como blancas medusas;
papeles y cartones que se deslizan
como las mantas rayas;
cardúmenes de polvo, hojas y paja,
como pececillos agrupados
que se mueven al unísono,
cambiando de dirección y altura
con caprichosa seguridad.
Las plantas cimbrean y se agitan,
perdiendo su rigidez habitual,
como algas sacudidas por las mareas.
Los perros y gatos afilan su forma,
con el pelo y las orejas hacia atrás,
como nutrias peinadas por el mar.
Hay personas que se mueven rápidas,
cortando el viento como ágiles delfines;
otras lentas como pesadas morsas;
las más, tenaces e indiferentes como atunes;
las hay que reptan como serpientes marinas
y algunas, por más que lo intentan,
no pueden disimular su condición de tiburones.
.
José Luis López Bretones
Primer poema de enero
EN la más completa oscuridad
quién ve caer una lágrima,
quién pondera el peso falaz
de los sueños de enero.
Como cuando el viento de una muerte
abate todas las puertas,
en esta casa sólo se escucha
el ronco percutir de los relojes.
¿Eres tú quien desgrana su pulso persistente y opaco,
o eres más bien una escondida migaja
para esa ave que en todo rincón,
que en todo perfil picotea?
.
Mercedes Sáenz
Hoy ha sido una larga noche,
pues la he visto entera.
Con la nuca en la almohada y los ojos
en línea recta hacia las ventanas.
No tiene explicaciones que pueda entender
cuándo el cuerpo no duerme y la cabeza
es un inventario desprolijo de mi.
El libro que estaba leyendo,
título nuevo de autor que admiro,
es más que bueno y sin embargo
no ha podido hoy conmigo.
Me ha vencido en su peor forma
de hacerme la guerra y es que lo cerré
cuándo mis ojos todavía permanecían abiertos.
No me levanté a escribir.
Las horas dispusieron que pensara tanto.
.
Juan José Mestre
La Rueda
El ciclo ha terminado.
Como todos, se cierra el día
que los augures preanunciaran.
Preciso, fatal, inexorable.
El sapo tiene sus minutos contados.
Con inocente mirada, boquiabierto,
ve la proximidad de su último horizonte.
.
Alejandro Drewes
Sur la peau de chaque souvenir
également sanglant, le lion
du temps enfoncera ses griffes.
Trad.:
Sobre la piel de cada recuerdo
igualmente sangrante, el león
del tiempo ha de clavar sus garras.
.
Alejandro Drewes
A mi tiempo
I
Delgada luz,
ya no te demores
ni en otros ojos amados.
Has venido de lejos
y con este mi cuerpo
habrás de volver
al hondo pozal
de la noche del mundo.
II
Sólo quise saber
qué llevabas entonces
en aquel duro tiempo
en tus manos,
qué dolor o qué joya
rielaban escondidos:
tal vez ese pájaro
del que nunca
se supo si vivo, si muerto,
volaría.
III
Ha sido breve la carta
escrita a este tiempo
que abandono, escaso
el legado y los premios.
De toda oscuridad
me recuerden los años
perdido náufrago y solo
entre las multitudes:
sin amor, como a veces
la flotante sombra
frágil de la luna
de un camino cegado
roza las piedras.
.
Concha Castro
Es tiempo de Vivir
Posaremos el yugo definitivamente.
Partiremos el mundo en dos.
Desde la sima insalvable,
trazaremos dos caminos divergentes.
Tú seguirás la ruta de la umbría
en pos de holgados aposentos
en el paraje de las lluvias y las sombras.
Dormirás sobre el musgo espeso y húmedo
al amparo de ciclópeos roquedales.
Te cantarán las ninfas que habitan
la fértil espesura de la fraga.
Te bañarán en las aguas cristalinas
del frío y verde lago de la hidra.
Yo tomaré otra senda.
Recorreré los desérticos caminos
que corren hacia el sur
en busca del azul definitivo.
No miraré hacia atrás.
Me dejaré mecer entre las aguas,
vestida de turquesas y azulinas.
Con los ojos cerrados,
reposaré sobre la cálida distancia.
Bajo el sol, desnuda y sola,
dejaré que el viento peine mis cabellos
mientras contemplo el infinito sin fronteras.
Mis estancias abriré de par en par
para que las inunde y las abrigue
el tibio sol de enero.
En cada despertar encontraré
el rico maná de un tiempo nuevo.
Será ya tiempo de vivir
viendo morir el tiempo.
Pero, tal vez,
nos sorprendan impensadas añoranzas
y cerrando los ojos confesemos:
Desearé volver a verte en Septiembre
cuando el dulce verdor de las manzanas
aromatice la frontera de tu puerta ...
.
José Luis López Bretones
Sólo nuestros ojos han viajado
VIVIMOS en lo inevitable.
Fundar un cuerpo, otorgarle una vida,
significa haber mirado largo tiempo
el lugar donde nos encontramos,
el paisaje que un azar indiferente
quiso ofrecemos al comenzar nuestra partida.
Pues sólo hay camino en la mirada.
y si creemos que avanzan nuestros pasos
es porque la cambiante luz del día
resbala sobre el perfil inmóvil de nuestras cabezas,
de nuestros costados
-y al final, desaparece.
El cuerpo se proyecta en tierra,
y el último hito de nuestra jornada
es el mismo que una vez marcó el inicio.
Sólo nuestros ojos han viajado:
ellos nos dirán, tal vez, de la experiencia.
Pero, ¿quién nos conmina a caminar?
Aureliano Cañadas
La Batalla del Olvido
Al menos somos soldados
de la misma batalla
la del olvido (E.Checa)
MALDITOS los caballos cuando pacen
por las verdes praderas de la paz.
Malditos los silencios del cañón
y la herrumbre que nace en los fusiles.
Maldito el abandono de las hondas
trincheras de la sangre cotidiana.
Malditas las ciudades que no ardieron,
luminarias en medio de la noche,
y aquéllas -que no alzaron sus columnas
de lágrimas y de humo hacía el azul.
Salamina o Valrny, cuánta ocasión
perdida en los abismos de la Historia;
Austerlitz, Trafalgar, para que diera,
con un gesto, mi vida por la tuya.
Porque nunca seremos otra cosa,
¡Oh Bagdad torturada!, que soldados
en la dura batalla del olvido.
Aureliano Cañadas
El conde de Montecristo
:
SI el buitre desamor posa sus garras,
después de un largo vuelo, sobre tu hombro,
o una ciega bandada de gorriones
viene a beber la luz del olvido en tus ojos;
cuando vuelvas a ser adolescente
detrás del muro aquel de la miseria,
no invoques al gran Meaulnes, ha conseguido,
como reponedor, contrato en «Carrefour»;
ni al correo del Zar reparte pizzas.
Parece ser que Kim tuvo más suerte:
su buen lama le puso un «todo a cien»,
pero no cerrará por venir en tu ayuda.
Llama a Edmundo Dantés, éste es su móvil.
No suele abandonar a quienes aman.
Te llevará a una isla como un sueño.
Será el padre que nunca conociste,
el amigo que nunca te traicione.
Mercedes Sáenz
Nadie que devuelva mi nombre desde la alcantarilla
Poema del libro "HK-G36E" de Guillermo de Jorge
.
Editado por Instituto de Estudios Almerienses (2008)
aún no es tarde:
confieso
que no me he inventado
al borde
de una copa
párpado de un rubor.
que cuerpo soy
sobre las ansias,
vencido;
donde aún puedo encontrarte.
…………………………………………..
abatidos labios
ondean sobre nuestros cuerpos:
contrato eventual después de la batalla;
todo marzo y mis bolsillos
vacíos después de sobrevivir a tu espalda.
Rolando Revagliatti
Three Sisters
A Moscú, lo antes posible
a la maravillosa infancia, lo antes posible
al futuro, transcurridos los próximos doscientos años, lo antes posible
y a trabajar, claro que sí, a trabajar, lo antes posible
A extirpar la maleza, ya
a la vida concreta
a persuadir a Dios, el autorizador
a quejarse a los cuatro vientos
y a enamorarse
Al sexto sentido, lo antes posible
a saber porqué todo, lo antes posible
a otro planeta si es necesario, lo antes posible
¿y cuándo es posible lo antes posible?
Debería tener sustento perdurar, este anhelo
En un minuto me calmaré
A recomponer las filas, civiles
y militares
lo antes posible.
“THREE SISTERS”, filme dirigido por Laurence Olivier
Julio Alfredo Egea
Meditación con pájaros
Pasan en formación su azul tristeza
prendiendo su graznido entre los robles.
Cuervos de la verdad, llanto del cielo,
tenebroso sudario de la tarde.
Reconozco esta tierra inconfundible,
estos dedos serán raíz de cipreses
aunque protesten recio los trigales
con viento sur, sobre esta tapia sola
de sueño y llanto.
Dejan
las gaviotas su rastro de pañuelo
sobre el mar. El sol borra
su aventura de pluma y lejanía
para siempre.
Conozco
sobradamente este temblor de cales
de soledad.
Comprendo
que todo será huella y viento inédito.
Un cristal de lechuzas guarda toda
esta estuprada luna agonizante,
repasada moneda de silencios.
Y todo cabrá dentro de una concha ...
Este gigante corazón sonoro ...
Y todo será un ala de fracaso.
El picapinos mide y corta, suena
el pico y la madera, recortando
madrugada y corteza.
Primavera
con un pequeño túnel en la carne.
El tiempo palpa, exprime la amarilla,
la tenaz rotación de los planetas.
Lo llevamos escrito en la epidermis,
se renueva la rama y el lamento.
La golondrina tira del paisaje,
arrastra corazón a otros lugares.
Para el amor necesitamos barro.
La codorniz ovilla su lujuria
en la nobleza de los girasoles.
Amor, Amor. Crisol para la sangre,
espada sobre el polvo, inmóvil rosa.
Se dispara el limón de la oropéndola.
El ruiseñor, borrón de los saúcos,
repasando la misma partitura ...
Amor. Amor. Tan solo amor, tan solo.
Banderines de pluma desplegada.
José Luis López Bretones
El tiempo de las horas azules
UNAS veces he amado. Otras veces contemplé.
La luz me era al mismo tiempo necesaria e inoportuna.
Pensar que a través de ella sucedía todo aquello que otros
llaman importante me infundía una tristeza difícil de explicar: el trazo de un pincel muy grueso mojado en el lechoso invierno de las obligaciones.
He preferido siempre las noches, el persistente
tropel de las sombras, que nos aíslan tanto como para
desear y conseguir la compañía incluso de quien ya no existe.
¿De qué otra forma se podría vivir?
Este es el tiempo de las horas azules: su sustancia
es la resignación y el fingimiento. Analizar lo que nos
atrae, fabricar pobres ecuaciones del sentido, buscar en las
monedas razón a tanto hastío.
Cuántas cosas todavía nos sobrecogen:
la mentira de la equiparación, la jerga eficaz del realista,
el pálido temor de quien adorna con alambres su certeza.
Quisiera creer que comprendéis, iluminados.
Francisco Domene
Miedo al espejo
Mi espejo es mi palabra.
y el hombre que refleja mi palabra
no se parece a mí;
si andando por la calle,
él y yo juntos, nadie nos confunde?
¿Cuál de los dos sería el disfrazado, el falso,
el que no tiene orgullo?
¿Y si el hombre, que hay en mi palabra,
algún día me mira -porque yo
no fuera hombre sino espejo de hombre-
y no se reconoce?
Qué miedo.
-no valen simulacros-:
si la palabra es hombre,
el hombre es la palabra.